viernes, 3 de septiembre de 2010

La Aiaba se compadece de Paramo


Hoy los insultos están de moda. El “boludo” de los chicos, el “culieao” de la Mole Moli, el “hijo de puta” de Flavio Mendoza, son tan solo algunos ejemplos.

¿Quién en estos días no le ha hechado alguna puteada a alguien?

Conforme el diccionario, un insulto es una palabra o expresión utilizada por un individuo emisor con la intención de lastimar u ofender a otro individuo receptor o que es considerada por éste como tal.

Que es lo que constituye un insulto no es fácil de determinar, depende de las convenciones sociales y culturales.

Ningún chico se considerará ofendido si otro le dice “boludo”. Si Flavio Mendoza le hubiese dicho “hijo de puta” a un artista argentino, quizás este no se hubiera ofendido, pero se lo dijo a un bailarín español, y por eso vanos resultaron sus intentos para minimizar el sentido que había dado a su expresión.

Generalmente el insulto es una práctica social desaprobada y rechazada. Dicho de otra manera, quien insulta no puede esperar ser bien visto ni por la persona que resulta ser la destinataria del insulto ni por la sociedad.

Rodolfo Paramo, al considerar que los ingenieros agrónomos somos unos genocidas, hijos de puta, nos ha ofendido y eso no puede ser tolerado por nuestra Asociación.

Pero no lo vamos a demandar ni a exigirle ninguna aclaración o rectificación, simplemente nos compadecemos de él y rogamos a Dios que lo ilumine pronto, porque se ha equivocado.

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